March 2011
“Adult monkeys recognise photographs of their friends, according to scientists.”
News about monkeys are always good news.
Cuando era un muchacho, me apasionaban los mapas. Podía pasar horas mirando Sudamérica, África o Australia inmerso en los placeres de la exploración. En aquella época quedaban muchos lugares desconocidos en la tierra, y cuando veía en un mapa alguno que pareciera particularmente atractivo (aunque todos lo parecen), ponía el dedo sobre él y decía: “Cuando sea mayor iré allí”. Recuerdo que el Polo Norte era uno de aquellos lugares. Bueno, aún no he estado allí y no voy a intentarlo ahora, ha perdido su encanto. Había otros lugares dispersos alrededor del Ecuador y en todas las latitudes de los dos hemisferios. He estado en algunos de ellos y… bueno, mejor no hablemos de eso. Pero quedaba uno todavía, el mayor, el más vacío por decirlo de algún modo, por el sentía un especial anhelo.
Es cierto que por entonces ya había dejado de ser un espacio en blanco. Desde mi infancia lo habían llenado ríos, lagos y nombres. Había dejado de ser un misterioso espacio en blanco, un parche blanco sobre el que un niño podía tejer magníficos sueños. Se había convertido en un lugar de tinieblas. Pero había en él un río particular, un río grande y poderoso, que aparecía en el mapa semejante a una inmensa serpiente desenrollada, con la cabeza en el mar, el cuerpo quieto curvándose sobre un vasto territorio y la cola perdida en las profundidades de la tierra. Y mientras observaba el mapa en un escaparate, me fascinó, como una serpiente fascinaría a un pájaro, a un pequeño e incauto pajarillo.
” —Joseph Conrad, En el Corazón de las Tinieblas.“In the developed world, illegal immigration is a hotly debated political issue. From the eyes of the world’s very poor, it is an excruciating personal decision, made to make life a little bit better for one’s self and one’s family.
Kingsley is 23 years old, and lives in a two-room house with his parents and seven siblings in a West African coastal village in Cameroon. He is raised with an image of Europe as a kind of promised land: if he can only get there, life for himself and his family will improve.
Photojournalist Olivier Jobard introduces us to Kingsley as he makes the difficult decision to embark on his “mission,” and then accompanies him, documenting his perilous journey. Step by step, across desert and ocean, we come to see immigration through one man’s eyes, and learn the rewards — and the costs — of such a dream.”
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